Sandra Mihanovich: «Nunca me preocupó lo que dijeran de mí»

Sandra Mihanovich: «Nunca me preocupó lo que dijeran de mí»

Repasa sus inicios, dice que cantar fue su arma de seducción, que nunca quiso ser transgresora y opina sobre el Ni una menos. El 9 actúa en el Auditorio de Belgrano.

Tengo muchos pendientes. Más que nada porque me parece que hay mucha cosa linda para cantar. Pero he tenido muchas oportunidades, y las he aprovechado un montón. Me siento pipona con lo que hice, y siento que puedo seguir haciendo muchas cosas más.” Sandra Mihanovich lleva cuatro décadas y un año en eso de cantar, casi siempre canciones de otros. El año pasado celebró el número redondo acompañada por una larga lista de invitados, y el 9 de este mes festeja en el Auditorio Belgrano el lanzamiento de 40 Años de Música, el CD+DVD en el que registró buena parte de aquella celebración.

-En esta especie de resumen de tu carrera hay apenas un tema en el que aparecés como autora. ¿No tenías más temas tuyos para poner?

-En verdad, no compuse muchos, y ninguno fue hit. En Soy lo que soy hay dos canciones que eran poemas que musicalicé: Se metieron con todos y Nacer de nuevo. Pero componer de cero me da más miedito. En una canción hay que saber decir.

-¿Es sólo la forma o la posibilidad de dejar al descubierto algo íntimo?

-Las dos cosas. Pero, sobre todo, he tenido la fortuna de cantar a grandes autores. Entonces, siento que si pongo una cancioncita mía al lado de Cuatro estrofas, Es la vida que me alcanza o Puerto Pollensa, pobrecita… Con el canto es distinto; de muy chica me encontré con que, cuando abría la boca, sonaba lindo y del otro lado pasaba algo. Ya adolescente, tímida e introvertida como era, si estaba en un grupo de mi edad agarraba la guitarra, cantaba y pasaba algo. Me conectaba de una manera muy particular, y no tenía inhibiciones. Las inseguridades se esfumaban.

Foto Germán García Adrasti

 

-¿Era sólo conexión, o había un juego de seducción?

-Ni hablar. Claro que es una cuestión de seducción. Cuando uno es adolescente busca ser aceptado, seducir… Pero también estaba muy claro que quería cantar.

La hoja de ruta dice que al terminar el secundario, Mihanovich se anotó en la carrera de Música de la UCA. Aguantó poco, lo suficiente como para pasar por el coro de cámara de la casa de estudios y lo necesario como para aburrirse; la escala siguiente fue el Conservatorio de Arte Dramático. Tampoco duró demasiado. La verdad estaba en la calle.

O mejor, en La ciudad, un boliche regenteado por Blackie, en el que su mamá era la presentadora, y cantaba cuatro canciones. Poco después, la convocaron para un comercial de cigarrillos filmado por Luis Puenzo y protagonizado por Julio Chávez. Tiempos en los que, según cuenta, “no era ninguna otra cosa que la nena de Mónica”.

-¿Eso era bueno o malo?

-Las dos cosas. Pero era buenísimo porque me abría puertas. La publicidad me llevó a grabar mi primer LP, con arreglos de Cardozo Ocampo. Tenía 19, empecé a cantar en pubs y lo conocí a Alejandro Lerner; una amiga me presentó a Celeste (Carballo), Alejandro Doria, a quien conocí en la casa de Andrés Percivale, que era como mi tío, me presentó a Marilina Ross.

-¿Nunca te preguntaste si te daban más bolilla por ser la hija de Mónica que por lo bien o mal que cantabas?

-No. Siempre sentí que cantaba muy bien. Podía tener miles de miedos e inseguridades, pero cantar nunca fue duda. Siempre sentí que me abrían las puertas como gestos de amor.

-¿Cuánto de vos se puede descubrir a través de tu repertorio? ¿Elegís las canciones para decir lo que te da miedito escribir, o por como encajan en tu manera de cantar?

-Las dos cosas. Cada uno elige las canciones que mejor le cuadran, pero en casos como Quiero encontrar mi lugar, que es de mi hermano Vane, es un tema que hubiera querido escribir. Si yo fuera cantautora, habría querido empezar por ahí. La primera vez que la escuché lloré mucho. Es un sentimiento suyo, pero dice algo que alguna vez sentí. Tiene que ver con mi identidad, con mi gusto, con mi forma de decir.

-¿Y “Soy lo que soy”?

-Cuando hice Soy lo que soy, cantarla era una declaración de principios. No era decir: “Soy esto”;era un “soy lo que soy” que podía asumir cualquiera. No era algo solamente destinado a las minorías, o a la gente distinta. Todo el mundo lo adoptó con felicidad.

-Sin embargo, el tema sumado a la tapa, en la que aparecías desnuda, fue leído por muchos como un gesto de transgresión…

-No lo pensé para provocar. Era lo más despojado; pensé que estar desnuda era la mejor imagen para ese “soy lo que soy”. Fue un momento inspirado…

-Y otro juego de seducción. ¿Hacia los hombres, las mujeres, todos?

-Creo que desde siempre quise seducir hasta a las piedras. A lo que viniera. Me parecía que desde el lugar de la cantante, la cosa era a troche y moche, que no quedara nada en pie. Nunca fue dirigido a tal o cual. Era un desparramo de energía. Pero nunca me propuse ser una transgresora. Sí creo que soy una taurina impulsiva; cuando algo me parece que tiene que ser así, me mando sin medir las consecuencias. Entonces, voy por la vida dándome vuelta y dándome cuenta de lo que hice. Lo mismo ocurrió con la tapa de Mujer contra mujer. A mí me cayó la ficha de la bestialidad que habíamos hecho con Celeste cuando la vi, enorme, en la esquina de Lavalle y Rodríguez Peña. Me agarré la cabeza. Era muy sugerente; no era desagradable.

-Disparaba las fantasías de todos. Y todas…

-Muy salvajes. Pero no quería transgredir. Me dejé llevar por lo que sentía, y no me medí, no me limité ni me censuré por temor a que alguien dijera algo. Nunca me preocupó lo que dijeran de mí. Cuando empecé a cantar, en el verano del 77, en una revista salió un comentario que hablaba de mí. El título era: “Libertina”. Contaba que había estado en no sé qué fiesta, y hasta llegaba a decir algo así como que no me bañaba. Si hubieran dicho algo de mi sexualidad, por ahí hubiera tenido sentido. Pero era todo una ridiculez. Entonces, fue como que me cayó la ficha y me propuse hacer la mía. Nunca dije lo que no quería decir, ni respondí lo que no quería responder. Con Soy lo que soy me volvieron loca con preguntas sobre mi sexualidad, y nunca dije nada.

-¿Por qué? ¿Bronca, despecho…?

-No. Porque no me animaba. Me cagaba en las patas. No sé si era auto preservación.

-Sin embargo, una vez más, te convertiste en un ícono. ¿Se te desdibujó el rol como cantante?

-Eso fue lo que más me molestó. Con Mujer contra mujer se puso el tema de la sexualidad sobre la mesa, y me molestó que eso estuviera por delante de la cantante. ¿Qué te importa la sexualidad de un cantante? A mí me gusta cómo canta, o no me gusta. Su sexualidad es suya.

-¿Cómo se desactiva eso?

-Con paciencia y muchos años. Con perfil muy bajo, con nunca hablar de mi vida privada.

-Eso no impide que el público se haga una imagen de vos, y que intente confirmarla. ¿Alguna vez viviste alguna situación desubicada con alguna o con algún fan?

-No. No tengo mucho contacto con el público, más allá del ida y vuelta que se establece desde el escenario. Pueden haber sucedido algunas cosas, pero que no son importantes. Creo que pude, y lo agradezco mucho, haber logrado y tenido mucho respeto y buena onda desde el afuera. Incluso desde los medios. Si tomamos la cuestión sexual como algo que generó impacto, el siguiente gran golpe fue cuando el 13 de agosto de 2012 me desperté con un riñón menos.

-Y automáticamente te convertiste en un símbolo de otra causa.

-Además, ahí se combinó el gesto de la donación con la aparición en escena de mi pareja (su esposa, Marita Novaro). Nunca había habido una pareja mía que trascendiera. Pero apareció desde ese lugar. Y lo que resultó maravilloso fue que el relato fue el de historia de amor. Nadie lo contó como un cuento amarillo. Fue reflejado como un gesto amoroso. Incluso, todo el mundo me quiso hacer notas, pero me negué, hasta que,cuando entró en juego la donación, había un testimonio para dar.

-Y te decidiste a hablar…

-Por aquel entonces, mi mamá y César (Mascetti) estaban en radio Del Plata. Así que apenas salí del Hospital Alemán, “qué mejor que ir a dar ese testimonio con los mejores periodistas que tenía la Argentina”, pensó la hija orgullosa (risas). Lo cierto es que eran dos periodistas respetados, respetables y con el afecto que te da la familia.

-Hablamos de los medios. ¿Y en el contacto con la calle, cómo te da el balance?

-Al cabo de estos 40 años que transcurrieron, siento que soy un combo de cosas; la mayoría de la gente me mira y me pega un abrazo, aunque nunca me hayan escuchado cantar. Siempre está la mejor onda, y el agradecimiento; el balance es espectacular.

Ni una menos, el machismo y los prejuicios

“En esta época no se puede no ser feminista”

-Ni una menos es una consigna que encaja a la perfección con vos. ¿Cuál es tu mirada del tema?

-Fui a todas las marchas. En algún momento, María Luisa Bemberg me preguntó si era feminista. Le dije que no, y se enojó. En esta época, en cambio, no se puede no ser feminista. Estamos en un tiempo que nos obliga a tomar una postura de defensa de los derechos de la mujer, sin condiciones; sin límites. Y yo lo hago, a mi manera. No he generado un proyecto al respecto, pero quien sigue en las redes verá que entre las cosas de las que me ocupo, el ni una menos está al frente.

-¿No hay algo de sobreactuación alrededor del tema?

-Las cuestiones mediáticas y de moda tienen mucho de burbuja, espuma y efervecencia, que después no tienen consistencia. Eso es real. Pero me parece que es una tarea que aunque suene exagerada hay que sostenerla.

-¿Creés que leyes que imponen porcentajes de “participación” de mujeres , en el Congreso o donde sea, realmente pueden ayudar a cambiar la cultura machista?

-Es un largo camino. Hay que cambiar las cabezas. Tenemos 20 siglos de machismo. Hay que combatirlo en todos los frentes porque, el sentimiento machista no es sólo del varón; también es de la mujer. Hay que hacer hincapié en todas las esquinas, posiblemente cayendo en alguna exageración, para balancear el péndulo de la balanza.

-Hace poco, Boy George dijo que hay gente que cree que abrió su cabeza, pero que en el fondo nunca se liberaron de los prejuicios.

-Cambiaron muchas cosas, pero el trabajo hay que seguir haciéndolo. Es todos los días, gradual; es la forma en que se va a instalar eso de que somos personas: varones, mujeres o lo que sea. Lleva tiempo. Nunca en mi vida había pensado que me iba a casar. Y me casé. No hay que aflojar. Y cada uno se tiene que poner la camiseta que le queda bien, y que quiere ponerse. Yo tengo la camiseta de la donación de órganos puesta a full; es mi camiseta. Me la puse un día, y no me la voy a sacar.

Paso a paso. “Nunca había pensado que me iba a casar. Y me casé”.

“40 años de música”

Un repaso de cuatro décadas y una cuenta saldada

En 40 Años de Música, Sandra Mihanovich condensó la esencia de sus 21 trabajos discográficos. Allí, los hits que en los primeros ‘80 la pusieron sobre el escenario de Obras, como Puerto Pollensa, Cuatro estrofas, Quereme tengo frío y Soy lo que soy se mezclan con otras canciones grabadas a lo largo de su trayectoria como Honrar la vida, Creciendo y Todo brilla. Con Marilina Ross, Hilda Lizarazu, David Lebón, Lito Vitale, Fontova, el “Negro Rada”, Alejandro Lerner y Benjamín Amadeo entre sus muchos invitados.

Y la muestran en escena como nunca antes había sucedido. “Cuando grabé Creciendo, en 2007, lo hice en el Opera y lo había filmado para hacer un DVD, pero nunca lo edité”, cuenta.

El combo. Un CD + un DVD, lleno de clásicos y un documental como bonus.

-¿Por qué?

-Porque no me gusté. Me cuesta verme. Escucharme, no. Pero con este DVD estoy muy orgullosa, muy contenta. Siento que aquel encuentro fue una verdadera fiesta. Hay mucho amor, y el documental es un bonus que lo potencia.

Sandra Mihanovich presenta “40 Años de música” el 9 de diciembre a las 21, en el Auditorio de Belgrano (V. Loreto y Cabildo). Desde $350, por Plateanet.

Vía | Diario Clarín – Por Eduardo Slusarczuk

Compartir