Sandra Mihanovich | Infobae

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Sandra Mihanovich: “Cuando paso un tiempo sin cantar me da síndrome de abstinencia, me pongo inquieta”.

“Todas las cosas que me han tocado vivir en la vida son de mucho privilegio, y las disfruto mucho. Me siento muy agradecida por todo esto”, dice Sandra Mihanovich, que está por cumplir 44 años con la música.

“He tenido muchas oportunidades en la vida, las he tomado y las he podido ejercer con felicidad, con alegría. Esta oportunidad de Únicas te digo no era algo que esperaba”, afirma sobre el espectáculo que protagoniza junto a Valeria Archimó, Anita Martínez, Lourdes Sánchez y Cecilia Figaredo.

“Su título lo dice: Únicas puertas al amor. Y es el vínculo de las mujeres y el amor. El amor que a veces es malsano, que a veces duele, que a veces es fantástico, que a veces te deja vacía, que otras veces es el motor de tu vida…”.

¿En ningún momento te cansaste de la música?

—No. Me muero sin la música. Me da síndrome de abstinencia. Cuando pasa un tiempo y no canto, me pongo inquieta.

—¿Cuál fue el mayor período que estuviste sin cantar?

—No tengo la menor idea. Además, me fui a vivir sola a los 20 años y me auto abastecí desde entonces. Si yo no canto no pago mis cuentas.

—¿Al día de hoy también? ¿Si no cantás no pagas tus cuentas? ¿No tenés un resto?

—No. Tengo mi casa, no pago alquiler, pero tengo que pagar la luz, el gas, el teléfono, llenar la heladera; esas cosas. Los gastos de la vida.

—Sé que sos muy cariñosa, sos generosa con el afecto. ¿De quién heredaste esa calidez?

—De los dos, de mi papá y de mi mamá, y de mi familia en general, porque mi hermano es igual. Es peor que yo porque es más charleta todavía, entonces te muestra su afecto y te conversa, y se puede quedar dando vueltas, charlándote un montón. Es una cuestión familiar: nos gusta expresar lo que sentimos.

—Y enojada, ¿cómo sos?

—¡Ay! Insoportable. Soy taurina malhumorada, entonces, en general soy bastante tranquila. Pero cuando me agarra el mal humor, olvidate.

—¿Qué te hace enojar?

—Llegar tarde, estar apurada. Esas cosas me ponen de muy mal humor. Soy impuntual porque llego temprano. La hipocresía me irrita, me molesta, me parece que es muy dañina. La hipocresía es peor que la mentira porque es jugar a que no estás mintiendo. La mentira es la mentira, tiene patas cortas y ya está. Pero la hipocresía es la mentira elevada a la “te engaño”.

—¿Te han agarrado con mentiras a vos?

—Supongo que sí. No tengo un recuerdo de decir: “¡Qué bochorno!”.

—No haz hecho escandaletes…

—Si dependiera del escándalo, voy muerta. Muerta, muerta; muerta completa. Le tengo mucho rechazo al escándalo. Me parece que no suma. Me aburre, no me seduce. No me atrae. No puedo mirar los programas de chimentos. No me interesan. Y te diría que para mirar (Marcelo) Tinelli puedo darle volumen en el momento que están bailando y apagar el volumen después, porque cuando están bailando hay excelencia, hay maravilla, hay trabajo; todo lo demás no me interesa. Por ahí me estoy cavando una fosa diciendo esto que estoy diciendo…

—Te deben haber llamado varias veces para ir.

—Cuando fue lo del Cantando fui medio comodín, la reemplacé a Patricia (Sosa) alguna vez que tuvo un show y me han llamado para participar de los comienzos viste. Esas aperturas hermosas. Esos laburos de producción realmente maravillosos.

—En Agarrate Catalina, a Catalina Dlugi le dijiste: “Confieso que no soy tan valiente como parezco».

—Es que se me atribuye la valentía de haber cantado como primera mujer en Obras, por ejemplo. Yo nunca supe que era la primera mujer que estaba en Obras. Se me atribuye la valentía de hablar de la sexualidad. Yo nunca hablé de la sexualidad; me fue pasando.

—Te sacaste un riñón para donárselo a tu ahijada.

—Bueno, eso por ahí sí fue valiente. O inconsciente (risas). Ese puede haber sido lo único más valiente.

—¿Te rompieron mucho el corazón?

—Sufrí. He sufrido, por supuesto. He llorado. La primera canción que hice era… (canta). Era bien adolescente.

—Cuando la mayoría lloraba frente al espejo, vos te escribías tus canciones para llorar.

—Sí, estaba la guitarra. Las canciones en realidad son muy buenas para hacer catarsis. “Todo me recuerda a ti” es la canción perfecta para clavarse los puñales, para llorar.

—¿La guitarra ayudó también a vencer la timidez?

—Sí, porque era tímida, era metida para adentro, un poco trompuda, malhumorada, y a la vez hacía bromas. A nivel adolescente era diferente, era rara y me daba miedo: “¿Adónde voy? ¿Cómo me relaciono?”. Agarraba la guitarra y ya está, era lo mejor del mundo.

—¿La guitarra te sirvió en la conquista?

—Cantar, seducir, cantar, seducir, cantar, seducir… Sin duda alguna yo creo que, además de expresar lo que uno siente, cuando estás tratando de comunicar estás seduciendo, indudablemente.

—Sin embargo, a mí, en una charla acá, me dijiste: “No he levantado nada cantando”.

—Ah no, no. Es que yo el término levante medio que no lo he ejercido nunca. No lo entiendo mucho. No lo conozco. O soy tímida, o me da vergüenza. Me he dejado seducir por ahí más de lo que yo he seducido, tal vez.

—Pero sí sos muy seductora: al público se lo seduce.

—Sí. Pero a la hora de cantar hay que mover las piedras: hay que seducir a los perros, a los gatos, a los niños, a los grandes.

—¿Y dónde queda la timidez?

—La timidez para mí está más asociada a la inseguridad, y cuando con el tiempo vas perdiendo un poco de inseguridades vas perdiendo un poco la timidez.

—¿Te acordás qué hiciste con el primer sueldo que ganaste como cantante?

—No. Con el primer sueldo no, pero con lo que gané con la propaganda de Jockey, que me pagaron un montón de plata, me compré mi primer auto. Obviamente era un FIAT 128, usado.

—¿Cómo sigue el año?

—Hasta marzo, si Dios quiere, vamos a estar en el Teatro Broadway de jueves a domingo haciendo Únicas, y después tengo tres canciones ya listas para empezar a asomar la cabeza: iremos durante el verano ya empezando a tirar algunas pistas. Viste que ahora no se graban discos, ahora se graban canciones…

—¿Te esperanza algo de lo que viene en la Argentina o estamos muy enojados?

—No, yo siento que no tenemos más ganas de estar enojados. Creo que aun los que están enojados no quieren estar más enojados. Queremos que funcione, creo que ya no tenemos más ganas de pelearnos.

—Alguna vez me dijiste: “Uno no puede estar en contra de un gobierno. Uno puede votar a otro gobierno, pero estar en contra de un gobierno es estúpido.”

—Exactamente. Y manifiesto exactamente lo mismo hoy. Siento que lo único que me importa y que quiero cuidar y defender siempre es el bien común. Y quiero que le vaya bien a este Gobierno, como quise que le fuera bien al anterior, y que siempre les vaya bien a los gobiernos; porque de eso dependemos también. Igual creo que nosotros somos en gran parte responsables de lo que nos pasa porque nuestras cabezas tienen que cambiar. Y están cambiando. Para mí están cambiando.
Si querés escuchar la nota completa, hacé click acá.

 

Vía | Tatiana Schapiro para Infobae

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